ESPACIO DE REFLEXIÓN
Vivir en Evangelio
Hablamos a menudo de que los cristianos intentamos
vivir el Evangelio. Quizá podríamos
decir también que lo que intentamos es vivir
en Evangelio, para enfatizar que el mensaje de Jesús no es tanto una
doctrina como un estilo: es una manera de estar en el mundo, de situarse en la
vida y ante los problemas y oportunidades y tragedias y maravillas de cada día.
“Vivir el Evangelio” subraya o por lo menos insinúa que ante todo hay un
“programa”, una disciplina, que nosotros queremos poner en práctica y seguir.
“Vivir en Evangelio” abre nuestra
comprensión a una realidad más ancha, expresa una realidad más amplia y más
plural: indica que lo que hacemos es experimentar cualquier aspecto de nuestras
vidas en clave cristiana, desde las coordenadas de Jesús. Lo que hace cualquier
persona es, naturalmente, ante todo, vivir:
y nosotros vivimos nuestra humanidad, nuestras relaciones, los vaivenes de
nuestros procesos personales, las dudas, las decisiones, los miedos, los
aciertos, las alegrías, las angustias, la felicidad, los contratiempos, la
esperanza, las incertidumbres, el agradecimiento… todo, todo, iluminado por la
luz suave y penetrante del Evangelio que nos dejó Jesús. Así, nuestra vida
sería menos una lista de preceptos y más una perspectiva desde la que vemos todo lo que nos pasa, perspectiva
que nos ayuda a elaborar nuestras propuestas, nuestros horizontes. Decir que
queremos “vivir el Evangelio” no es desacertado, pero decir que “vivimos en
Evangelio” quizá sea más correcto.
Martí Colom
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