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lunes, 17 de agosto de 2015

ESPACIO DE REFLEXIÓN

EL DISCURSO DEL PAN DE VIDA (y II)

Martí Colom

«¿No es éste Jesús?»

Siguiendo con la reflexión iniciada en un escrito previo, publicado hace algunos días, continuamos meditando sobre el discurso del pan de vida, que ocupa gran parte del capítulo 6 del Evangelio de Juan, y que en estas últimas semanas hemos escuchado en las misas del domingo.

En el versículo 6,42 se nos explica que una de las resistencias que encontró Jesús por parte de aquellos a quienes anunciaba la Buena Noticia se fundamentó ni más ni menos que en su cercanía. Él se identificó como pan del cielo, y ellos respondieron murmurando: «―Pero ¿no es éste Jesús, el hijo de José, de quien nosotros conocemos el padre y la madre?»

jueves, 13 de agosto de 2015

ESPACIO DE REFLEXIÓN

EL DISCURSO DEL PAN DE VIDA (I)

Martí Colom

El alimento que perdura

En las misas dominicales de las últimas semanas hemos venido escuchando el llamado discurso sobre el pan de vida, en el que Jesús insiste, una y otra vez, en que él es alimento para todos: se trata de una larga sección del Evangelio de Juan que empieza después de la escena en que Jesús da de comer a una multitud con cinco panes y dos peces (Jn 6,1-15) y ocupa el resto del capítulo sexto, hasta su final (6,71).

Quisiéramos detenernos a meditar sobre un par de momentos de dicha sección. El primero lo encontramos en Jn 6,27, cuando el día siguiente a la multiplicación de los panes y los peces, Jesús se dirige a la misma multitud y les dice: «Trabajad, no por el alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para siempre».

jueves, 7 de mayo de 2015

ESPACIO DE REFLEXIÓN

LA CIZAÑA

Martí Colom

La parábola evangélica del campo en el que crecen juntos trigo y cizaña (Mt 13,24-30) es muy sutil. Es, en primer lugar, una parábola pacifista: viene a decir que las soluciones violentas (la de los sirvientes que quisieran ir rápidamente a arrancar la cizaña) nunca son verdaderas soluciones y crean mayores males, destruyendo lo bueno e inocente junto con el mal. También indica la parábola algo importante sobre el enemigo, el adversario que sembró la cizaña: y es que éste no tiene campo propio. El mal, en efecto, no tiene su proyecto, su único proyecto es destruir la obra de Dios.

lunes, 13 de abril de 2015

ESPACIO DE REFLEXIÓN

«HAY MÁS DICHA EN DAR QUE EN RECIBIR»: UNA VENTANA A NUESTRA INTERIORIDAD

Martí Colom

Sería interesante pararnos a meditar un poco sobre la profundidad de la frase «hay más dicha en dar que en recibir», que Pablo pone en boca de Jesús en Hechos 20,35. Siempre me ha parecido sugerente notar que no es un texto de naturaleza moral sino puramente descriptiva: es decir, siguiendo el mejor estilo de los evangelios, que a menudo rehúyen el mandato ético explícito a favor de la consideración prudente de aquello que conviene a la persona, esta frase tampoco es un “mandamiento de la generosidad” (algo así como «tienes que compartir tus bienes con tu hermano para ser una persona recta y agradar a Dios», por ejemplo) sino la constatación realista, fruto de la observación, de que la generosidad produce alegría.

jueves, 8 de mayo de 2014

ESPACIO DE REFLEXIÓN

LA CAMILLA

En el segundo capítulo del Evangelio de Marcos encontramos la historia del paralítico al que cuatro hombres llevan hasta Jesús en una camilla (Mc 2,1-12). Jesús lo cura diciéndole que sus pecados le son perdonados: es decir, que la parálisis que lo mantenía postrado eran sus culpas y su egoísmo. ¿Por qué dice Jesús al terminar el episodio, una vez el hombre ha sido curado, que «recoja su camilla» (Mc 2,11)? Nos podemos preguntar, ¿para qué la necesita, ahora que ya puede andar? Es más, ¿por qué aparece no una sino tres veces en el texto la referencia al gesto de recoger la camilla? Es obvio que con esta insistencia Marcos quiere subrayar que, al irse de la presencia de Jesús, quien había sido curado de su parálisis se llevó con él la camilla en la que había llegado. ¿Qué importancia tiene este detalle?

jueves, 3 de octubre de 2013

ESPACIO DE REFLEXIÓN

“Venid y lo veréis”

La invitación de Jesús a los que, intrigados, le preguntan dónde vive, “venid y lo veréis” (Jn 1,38-39), indica en primer lugar que el Evangelio no se puede explicar como si fuera una teoría: hay que experimentarlo, hay que verlo. Ahora bien, esta invitación tiene otro aspecto que merece ser meditado: si le decimos a alguien que venga para ver, que venga y vea, debemos tener algo que mostrar. No sea que quien se decida a venir llegue y encuentre una casa desangelada, una comunidad sin alegría, un envoltorio sin nada dentro, una Iglesia sin espíritu.

Los cristianos no podemos quejarnos de que nuestras iglesias están vacías sin hacernos a la vez una pregunta auto-crítica: aquellos que de vez en cuando deciden asomarse a nuestras comunidades, aquellos que, en una palabra, “vienen”… ¿“ven” entonces algo atractivo, algo que les interpele?

No tenemos mucho derecho a lamentar la indiferencia de muchos hacia la fe si cuando se animan a visitarnos no descubren en nosotros nada que les hable al corazón. De nuevo: si invitamos a alguien a venir y a ver, debemos tener algo que mostrar. 
                                                                                       Martí Colom


jueves, 9 de mayo de 2013


ESPACIO DE REFLEXIÓN

Vivir en Evangelio

Hablamos a menudo de que los cristianos intentamos vivir el Evangelio. Quizá podríamos decir también que lo que intentamos es vivir en Evangelio, para enfatizar que el mensaje de Jesús no es tanto una doctrina como un estilo: es una manera de estar en el mundo, de situarse en la vida y ante los problemas y oportunidades y tragedias y maravillas de cada día. “Vivir el Evangelio” subraya o por lo menos insinúa que ante todo hay un “programa”, una disciplina, que nosotros queremos poner en práctica y seguir. “Vivir en Evangelio” abre nuestra comprensión a una realidad más ancha, expresa una realidad más amplia y más plural: indica que lo que hacemos es experimentar cualquier aspecto de nuestras vidas en clave cristiana, desde las coordenadas de Jesús. Lo que hace cualquier persona es, naturalmente, ante todo, vivir: y nosotros vivimos nuestra humanidad, nuestras relaciones, los vaivenes de nuestros procesos personales, las dudas, las decisiones, los miedos, los aciertos, las alegrías, las angustias, la felicidad, los contratiempos, la esperanza, las incertidumbres, el agradecimiento… todo, todo, iluminado por la luz suave y penetrante del Evangelio que nos dejó Jesús. Así, nuestra vida sería menos una lista de preceptos y más una perspectiva desde la que vemos todo lo que nos pasa, perspectiva que nos ayuda a elaborar nuestras propuestas, nuestros horizontes. Decir que queremos “vivir el Evangelio” no es desacertado, pero decir que “vivimos en Evangelio” quizá sea más correcto.  

                                                                                Martí Colom