viernes, 13 de marzo de 2015

ESPACIO DE REFLEXIÓN

DE LAS CENIZAS A LA ALEGRÍA DE LA RESURRECCIÓN

Javier Guativa

Estamos a poco tiempo de la Pascua. Ya se acerca el domingo de Ramos, la puerta de la Semana Santa. Al acercarnos al final de la Cuaresma es bueno repasar lo que han significado estos días para cada uno de nosotros y recordarnos que la Cuaresma no es un tiempo litúrgico aislado, sino que está íntimamente ligado a la celebración de la Pascua de resurrección. Todos sabemos que las grandes fiestas se preparan con tiempo, disponiendo nuestro corazón para celebrarlas con alegría, y para llegar a la alegría festiva de la Pascua también necesitamos prepararnos a través del descubrimiento y crecimiento de uno mismo, con paciencia.

Para muchos la Cuaresma no es su tiempo preferido, quizá porque desde la imposición de las cenizas, que nos recuerdan nuestra muerte, hasta palabras como “sacrificio”, “disciplina” y “ayuno” que se repiten en las lecturas, se nos sugiere que estamos en un tiempo centrado en el dolor, en lugar  de ver en él una oportunidad de crecimiento. Muy pocas veces pensamos que  la Cuaresma es una segunda oportunidad anual que tenemos para ver si nuestros valores y prioridades están en línea con los deseos de Dios para nosotros.

 Empezamos la Cuaresma con el Espíritu llevándonos al desierto. Un lugar difícil en el que se nos invitaba a confrontar los miedos, dudas, fracasos,  decepciones, y desesperanzas que a menudo existen en nuestras vidas. Algo que usualmente evitamos hacer. Una buena Cuaresma, sin embargo, termina con una nueva comprensión de nosotros mismos, una voluntad de cambiar y crecer.

Quisiera proponer tres áreas para meditar y para repasar nuestras vivencias cuaresmales a la luz de la fiesta pascual que se aproxima.

1. Creadores de Paz.  A nadie le gusta sentirse vulnerable, herir a quien se ama, fallarle a quien se fía de uno, saber que después de ciertos gestos, palabras, o acciones, ya no hay marcha atrás y que ya hemos desencadenado ciclones.

Sin embargo, el camino de Cuaresma, que termina en alegría, nos debería llevar a descubrir la lógica de la paz­: dejar el rencor, la venganza, el agravio y el reproche, y poner toda la disposición para sanar las heridas y mantener los puentes tendidos.

2. Amor solidario. La vida y la felicidad están en el amar, en el compadecerse, en el vivir con y para los demás. Un buen crecimiento y cambio personal siempre nos lleva a ser cada vez más cercanos y menos indiferentes a los demás. Por eso en esta Cuaresma hemos necesitado el grito de los profetas que alzan su voz y nos despiertan. Nos recuerdan que las necesidades de los demás también son nuestras necesidades: “Si un miembro sufre, todos sufren con él” (1 Co 12,26).   

El amor solidario es calidad de vida, porque el prójimo no es para nosotros un rival sino estímulo y complemento que nos lleva a abandonar posturas cómodas e insolidarias.

3.  Alegría. La preparación de los días de Cuaresma termina con la alegría de saber a Jesús resucitado. Si hemos vivido este periodo como un tiempo de privación en vez de enriquecimiento nos será difícil experimentar la alegría pascual.  Pero si por el contrario, hemos vivido la Cuaresma con espíritu de querernos renovar, construir, vencer los egoísmos y desarrollar nuestras mejores cualidades, entonces nos sentiremos alegres de lo que hemos alcanzado, y deseosos de compartir esa alegría.  

Sigamos avanzando en el camino cuaresmal para llegar a la fiesta de Pascua más en paz, más solidarios y más alegres que cuando empezamos.



   

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