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domingo, 29 de noviembre de 2015

ESPACIO DE REFLEXIÓN

UN ADVIENTO SIN CEGUERA

Martí Colom
 
Hoy iniciamos el Adviento, y una mirada a las lecturas de este primer domingo nos puede ayudar a enfocar y a vivir de manera fructífera el tiempo de preparación para la Navidad que ahora empezamos.

Tenemos, por un lado, la voz optimista y confiada de Jeremías: «Mirad que llegan los días en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel… en aquellos días suscitaré a David un vástago que hará justicia… en aquellos días se salvará Judá y en Jerusalén vivirán tranquilos». Por otro lado Jesús también asegura, en consonancia con el profeta, que «se acerca vuestra liberación», pero su mensaje es más matizado, pues antepone a esta promesa final una advertencia inquietante, de resonancias apocalípticas: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes… los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad, ante lo que se le viene encima al mundo». Jesús, más realista y sobrio que Jeremías, quiere ser quizá más honrado con aquellos que le escuchamos, y nos dice: “sí llegará la paz, y es cierto que los que buscan la justicia no quedarán defraudados… pero ¡ojo!, primero habrá pruebas, conflictos, angustia y sufrimiento”. El Adviento no es, en otras palabras, un tiempo de baja intensidad, huérfano de preocupaciones, durante el cual lo único que se nos pide es que decoremos nuestros hogares con pesebres, árboles y ornamentos navideños mientras esperamos la noche del 24 de diciembre al son de villancicos, pretendiendo que vivimos en un mundo sin dolor. El nacimiento ya próximo del Príncipe de la Paz no significa la desaparición mágica de toda violencia. El niño, de hecho, nace cada año en un mundo herido por ella.

sábado, 29 de noviembre de 2014

ESPACIO DE REFLEXIÓN

ADVIENTO: ¿PARA QUÉ NOS PREPARAMOS?

Javier Guativa


La palabra “adviento”, que significa venida, nos habla de un principio, la encarnación de Jesús, y de un final, la segunda venida del Señor para concluir la historia de la salvación y comenzar esa época definitiva, más allá de nuestra medida de tiempo, en que Dios será todo en todos. El Señor vino y vendrá, y la Iglesia, para cultivar las dimensiones de vigilancia y acogida ante estas ocasiones de encuentro con Jesús nos invita a vivir este tiempo litúrgico. 

Los textos que leeremos durante el adviento confieren a este tiempo cierta unidad, que se muestra sobre todo en la lectura casi diaria del profeta Isaías. Sin embargo, el adviento puede dividirse en dos partes, cada una de ellas con su singular importancia.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

ESPACIO DE REFLEXIÓN

Estar en Adviento: entre la búsqueda y la sorpresa

El Adviento es probablemente uno de los tiempos litúrgicos menos conocidos en la sociedad civil, y quizás de los menos populares dentro de ambientes creyentes. Este abandono se sitúa en marcado contraste con la Navidad, que puede presumir de ser la fiesta religiosa más conocida del planeta. La Navidad también es, hay que admitirlo, aunque sea con rubor, la más secularizada de las fiestas de guardar. La secularización  es ese proceso invencible mediante el cual cualquier fiesta o acto transcendente, espiritual o religioso, se convierte en una tradición más o menos vacía, con oportunidades comerciales suculentas o en folklore más o menos festivo que entra a formar parte del depósito cultural de una sociedad. A pesar de que la Navidad haya sido desnudada de su componente religioso, su importancia parece haber empujado al Adviento al rincón del olvido. Pero no nos dejemos llevar por apariencias navideñas: el Adviento como tiempo litúrgico puede que esté condenado al anonimato, pero no por ello es menos celebrado.