ESPACIO DE REFLEXIÓN
LA MIRADA DE
JESÚS
Pablo Cirujeda
El evangelista Marcos nos describe el
encuentro de Jesús con un hombre rico, quien le pregunta por el camino hacia la
vida definitiva, con estas palabras: “Jesús se le quedó mirando y le mostró su
amor diciéndole: Una cosa de falta: ve a vender todo lo que tienes y dáselo a
los pobres, que tendrás en Dios tu riqueza; y anda, ven y sígueme.” (Marcos 10,
21). Jesús mira al hombre con amor, con una mirada transformadora, y es entonces
capaz de ver, no tanto lo que tiene, sino lo que falta; no tanto quién es en
ese momento, sino quién pudiera llegar a ser.
La mirada de Jesús es una mirada
optimista, que revela el potencial de la persona, viendo más allá de sus
circunstancias presentes. Esa misma mirada se repite varias veces en el evangelio
de Marcos: Jesús mira a un leproso, pero ve a un hombre que puede sanar; mira a
una niña aparentemente muerta, pero ve a una muchacha que puede recobrar la
salud; mira a un paralítico, y ve a un hombre que puede volver a caminar.
Finalmente, Jesús “paseando la mirada por los que estaban sentados en corro en
torno a él” es capaz de ver a una nueva familia en un grupo de personas donde de
entrada no hay relaciones de parentesco, ni de clase social, ni otros elementos
de afinidad (Marcos 3, 34-35).


